Dr. Ricardo Villanueva García

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Después de todo, la Felicidad con mayúscula se compone de minúsculos actos felices; de sensaciones pasajeras agradables; de un estado de salud aceptable; de expectativas positivas ante un futuro siempre azaroso, aunque no totalmente tenebroso; de alguien que te quiera; de un amigo que esté dispuesto a ayudarte; de pequeños placeres inherentes a los cinco sentidos corporales. La trama cotidiana de actos felices está servida por ciudadanos corrientes y anónimos, que directamente inciden en tu vida. Esta lista de servidores la forma el panadero, el último quiosquero de la esquina, el tendero amable, el conductor del autobús, el médico de cabecera, el cartero que te trae buenas noticias, el fontanero muy profesional, el camarero de bar, la profesora del colegio de tus hijos, el vecino simpático que te da los buenos días. De otro lado está el nudo de las obligaciones que te ahoga y el mundo de la política cuya maleva atención absorbe gran parte de tu energía. Para descubrir si un político merece tu voto trata de imaginarlo como ese ciudadano corriente que contribuye a tu felicidad cotidiana. Y en este caso debes preguntarte si le comprarías el pan a Donald Trump si fuera panadero; si te subirías a un autobús conducido por el presidente Rajoy si llevara el volante igual como conduce a su Gobierno; si te dejarías operar del riñón por un cirujano que en el quirófano se comportara como lo hace Carles Puigdemont en Cataluña. Te darás cuenta de lo irresponsables e ineptos que son muchos de nuestros políticos de derechas y de izquierdas, en el poder o en la oposición, cuando piensas en qué incómodo fregado se convertiría tu vida si tal como se comportan en política esos líderes lo hicieran como tenderos, médicos de cabecera, conductores de autobús, cocineros o cirujanos. Con toda seguridad prescindirías de ellos. Pues, eso.

Manuel Vicent

Elpais.es

foto: BARRENA / GETTY IMAGES

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