Dr. Ricardo Villanueva García

Rodolfo Walsh historia de periodismo y clandestinidad

en Derechos Civiles/Historia y Personajes Por

Las manos de Rodolfo Walsh sudaban sangre cuando terminó de escribir Operación masacre, una novela testimonial en la que desnudaba los crímenes y desmanes de la dictadura que sembró de cadáveres y terror la historia argentina. “Esta es la historia que escribo en caliente y de un tirón, para que no me ganen de mano, pero que después se me va arrugando día a día en un bolsillo porque la paseo por todo Buenos Aires y nadie me la quiere publicar y casi ni enterarse”.

El libro recogía el tesimonio de Juan Carlos Livraga, sobreviviente de la feroz represión desplegada en junio de 1956, cuando los militares insurrectos que derrocaron el gobierno de Juan Domingo Perón intentaban borrar cualquier vestigio de disidencia contra su espurio acto, acaecido en septiembre del año anterior. Ese levantamiento en contra de aquel regimen de facto, sucedido entre el 9 y el 10 de aquel mes, redundó en un baño de sangre que luego quisieron borrar a punta de bayonetas.
Nueve civiles fueron detenidos y fusilados en un basurero. Hubo sobrevivientes, entre ellos Livraga, con quienes el periodista sostuvo encuentros clandestinos que redondearon el gran libro.

Rodolfo Walsh emergió desde la perplejidad del horror y, superando los corsés del miedo, transformó su oficio en un arma de combate contra la dictadura. Trabajó con denuedo hasta encontrar aquellos testimoniantes o sobrevivientes. Para ello alquiló, con el falso nomre de Francisco Freire, una casa en Delta del Tigre, donde escribió la primera versión, puesto que él sabía que habría más testigos reportandose. La tarea más difícil sería publicar la obra.
Su empeño se vio coronado el 15 de enero de 1957, cuando el pequeño diario nacionalista, Revolución Nacional, publicó durante quince entregas la primera parte de su vasto trabajo. Luego, del 27 al 29 de junio, la revista Mayoría entregó a los lectores nueve artículos más. La tarea estaba hecha: la muerte desnudó sus más terribles circunstancias.
El escritor Ernesto Sábato, en su legendario Informe, reconoció los enormes aportes que la valentía y el coraje de Walsh había aportado en favor de la verdad vestida de valentía. También el poeta Juan Gelman reconoció el legado de esta Operación Masacre, calificada como una clave histórica antirepresiva.

Sesenta años después, el libro concluido, cuya primera edición estuvo subtitulada como “Un proceso que no ha sido clausurado” por la editorial Sigla. Sendas ediciones posteriores, (1964, 1969, más siete ediciones entre 1972 y 1974), permitieron a Walsh  incrementar la calidad y contudencia de su trabajo periodístico, al tiempo que esclarecía los términos ideológicos y políticos mediante los cuales nutría el mismo. De hecho, sus inclinaciones literarias abandonaron progresivamente la literatura de ficción hasta cimentar las bases de un necesario nuevo género.

Ese Nuevo Periodismo que diez años después instauraría el norteamericano Truman Capote con su novela A sangre fría, encuentra como gran precedente este vasto memorial de testimonios recogidos por Walsh. El maestro periodista Ignacio de la Cruz así lo recalcaba en sus clases de la Universidad del Zulia. También insistía el poeta tico en la claridad del pensamiento de Walsh, a quien citaba: “No soy peronista, no lo he sido ni tengo intención de serlo… Puedo, sin remordimiento, repetir que he sido partidario del estallido de septiembre de 1955. No solo por apremiantes motivos de afecto familiar, ¿que los había?, sino que abrigué la certeza de que acababa de derrocarse un sistema que burlaba las libertades civiles, que fomentaba la obsecuencia por un lado y los desbordes por el otro. Y no tengo corta memoria: lo que entonces pensé, equivocado o no, sigo pensándolo… Lo que no comprendo bien es que se pretenda obligarnos a optar entre la barbarie peronista y la barbarie revolucionaria. Entre los asesinos del Dr. Ingalinella y los asesinos de Satanowsky”. Sabia lucidez.

Rodolfo Jorge Walsh vino al mundo el 9 de enero de 1927, en Lamarque, provincia de Río Negro, en Argentina. Tendría ahora 90 años. De ascendencia irlandesa, llegó a Buenos Aires en 1941 para emprender su leyenda inmortal. Periodista de corazón e inteligencia en ristre, viajó a La Habana donde, en 1959, junto con sus colegas compatriotas Jorge Masetti y Rogelio García Lupo, además de Gabriel García Márquez, fundó la agencia Prensa Latina. El colombiano ganador del Nobel le inmortalizó al narrar sus peripecias cuando interceptó por accidente y logró descifrar, con solo un manual de criptografía, las comunicaciones secretas entre la CIA y agentes en Guatemala sobre los preparativos para la invasión de Playa Girón, operación que fracasó gracias a la labor de Walsh. Solía él disfrazarse para realizar sus indagaciones reporteriles.
La periodista e investigadora María Isabel Nëwman compartía lecturas de Walsh con sus alumnos. Exaltaba la obra del pionero en la escritura de novelas testimoniales, no solo la Operación Masacre, destacandola como esa primera novela de No-ficción, sino también de ¿Quién mató a Rosendo?, otra impactante demostración del “olfato” que debe prevalecer entre los del oficio.
Valiente y temerario, Walsh orló su cimentado prestigio con el documento que, paradójicamente, le costaría la vida. Adversario a ultranza del régimen que desde 1976 a 1983 azotó a su país, publicó su famosa Carta abierta, tras la cual fue atacado por bandas armadas prosélitas al gobierno de facto. Se lo llevaron, mal herido y lo desaparecieron.

Dicha carta recogía factores clave para comprender el legado de Walsh: “1. La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en El Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años…”.

Así comenzaba. Con el corazón sumamente lastimado por la muerte en combate de su hija, María Victoria, cuyo alias en la lucha clandestina con los Montoneros era “Hilda”, “Vicky”, entre sus allegados, destacó: “En el tiempo transcurrido he reflexionado sobre esa muerte. Me he preguntado si mi hija, si todos los que mueren como ella, tenían otro camino. La respuesta brota desde lo más profundo de mi corazón y quiero que  la conozcan. Vicki pudo elegir otros caminos que eran distintos sin ser deshonrosos, pero el que eligió era el más justo, el más generoso, el más razonado”.
Walsh jamás cesó de combatir con su escritura. Así, relatos como Juan se iba por el río representaban veladas arengas libertarias. También evocaba sus andanzas iniciales, sus estudios secundarios, en un colegio de monjas y en el Instituto Fahy de Moreno, un colegio pupilo a cargo de curas irlandeses. en sus cuentos,  Irlandeses detrás de un gato, Los oficios terrestres y Un oscuro día de justicia. Los dos años de Letras en la Universidad de la Plata sucedieron múltiples oficios de sobrevivencia: oficinista de un frigorífico, obrero, lavacopas, vendedor de antigüedades y limpiador de ventanas y, con 17 años, Todo esto enriquecería su perfil y estilo periodístico.
Escribir así, como él: “El coronel busca unos nombres, unos papeles que acaso yo tenga. Yo busco una muerta, un lugar en el mapa. Aún no es una búsqueda, es apenas una fantasía: la clase de fantasía perversa que algunos sospechan que podría ocurrírseme..”. Hoy no habrá silencio: Rodolfo Walsh está vivo.

Alexis Blanco

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