Dr. Ricardo Villanueva García

Unión por las Libertades Civiles, principal antagonista de Trump

en Derechos Civiles Por

Washington – En la era Trump hacer donativos a la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles se ha convertido un acto de desafío político conforme el grupo se ha colocado como un enérgico opositor de alto perfil de la agenda presidencial.

Desde la noche de las elecciones, cuando el grupo conocido como ACLU por sus siglas en inglés retó a Trump –diciendo “nos vemos en los juzgados”– casi se ha triplicado su membresía hasta alcanzar los 1,2 millones, mientras que el grupo ha recolectado más de 80 millones de dólares tan sólo por internet. Están integrándose docenas de abogados e investigadores, registrándose un nuevo incremento de voluntarios y habiéndose iniciado una división destinada a movilizar a las bases y cabildear sobre asuntos estatales y locales.

Se trata de una posición nueva y potencialmente peligrosa para una de las organizaciones sin fines de lucro más conocidas a nivel nacional, la cual es de tendencias liberales pero que se ha hecho de reputación por cruzar líneas ideológicas en temas como el derecho a la tenencia de armas y los gastos políticos y fue famosa por representar a algunas de las personas mas detestadas en la sociedad, desde sospechosos de terrorismo hasta neonazis.

Algunos conservadores consideran que con los años la organización se ha alejado de los principios de libertad de expresión y religiosa a favor de causas liberales populares como el aborto y los derechos de los homosexuales, pensando que el ACLU favorece a los ateos y a practicantes de otras religiones por encima los cristianos.

Jay Sekulow, asesor en jefe del Centro Estadounidense para la Ley y la Justicia y quien ha abogado a favor de los derechos de los cristianos, dio el ejemplo del veto en los viajes. Un juez federal bloqueó la orden ejecutiva original, por lo cual la presente semana el Gobierno está revisándola, mencionando la necesidad de proteger la seguridad nacional. Pero el ACLU sigue oponiéndose por considerar que la medida tiene a los musulmanes como blanco.

“No había nada que el Presidente pudiera hacer que hubiera satisfecho al ACLU salvo no emitir la orden”, dijo Sekulow. “Es donde están ideológicamente”.

Los funcionarios del ACLU argumentan haber avanzado durante sus casi 100 años de historia desafiando a todos los presidentes, entre ellos algunos con los cuales básicamente han estado de acuerdo.

Durante el mandato del presidente Barack Obama, en repetidas ocasiones la organización se dio a la tarea de atacar el uso de drones contra presuntos terroristas y la vigilancia masiva. Decenios antes, el ACLU encabezó la lucha legal contra la creación de campos de concentración para japoneses durante el gobierno de Franklin D. Roosevelt.

El ACLU ha descrito a Trump como peligro único para los ideales estadounidenses, calificándolo de “crisis constitucional de un solo hombre”. La organización ha interpuesto más de 12 acciones legales contra las políticas de su primer mes en el gobierno y dice no haber encontrado coincidencias con las propuestas de Trump.

“Creemos que las demandas pueden contribuir a cristalizar debates sobre las políticas en los cuales participe el público”, dijo Anthony Romero, director ejecutivo del ACLU. “Además los litigios pueden… estropear el aparato de la administración Trump. Si logramos robarles el impulso, podemos impedir que hagan más daño”.

El ACLU ha intentado mitigar de diversas maneras el impacto de las acciones de Trump: el mes pasado aumentó su asistencia legal en zonas habitacionales de fuerte población hispana cuando se intensificaron las deportaciones, por ejemplo.

La postura del grupo le ha dado estatus de estrella de rock entre los círculos liberales, efectuándose eventos de recaudación de fondos para el ACLU en elegantes restaurantes. En los Óscares, varios actores llevaban pins azules del ACLU puestos.

The Washington Post

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